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M. R., 56 AÑOS

22/06/2018 | Mi historia con la Terapia Visual

El 2 de julio, cumplo 2 años. Mi vida comenzó de nuevo al sobrevivir a una colisión frontal de un accidente contra un camión cisterna de gas.

Entre las lesiones que sufrí, mi ojo izquierdo quedó paralizado y apareció diplopia, visión doble. Lo primero que me aconsejaron fue taparme alternativamente los ojos, lo cual, era agobiante y la visión parcial muy limitada.

Un día, alentada por mi madre y una amiga, sin mejorar, abandoné el parche, que solo potenciaba el victimismo, y ahí comenzó el proceso para que mis ojos comenzaran a trabajar al unísono.

Llegó a mi la información de que había una terapia, Optometría Comportamental, que aportaba a mi proceso esperanza a través de una disciplina de trabajo. No tenía nada que perder. Si no tenía avances al menos lo habría intentado. No me cuesta disfrutar de lo que hago, tener nuevos retos, emocionarme…, aunque confieso que reaprender, a veces, requiere paciencia, observación y soltar cosas que ya no nos son útiles.

Desde el inicio tuve la gran suerte de ponerme en manos de la Osteópata Davinia Cobos, en la clínica Davinci. Y así, Gemma en la parte visual y Davinia en masaje craneal e integral, tratándome como un todo, formamos un gran equipo, para conseguir poco a poco, abrirme a esta nueva vida.

Ahora, abrir periferia para mi es, mirar a través de tus ojos la totalidad utilizando tus capacidades, percibir más ampliamente, más nítidamente, ver más allá desde la relajación de un instante (único) de apertura, al mundo que te rodea. Tu mirada interna y externa forman una sola.

No estoy como antes del accidente, estoy diferente. He ganado agudeza visual y he corregido la diplopia casi totalmente. Tras un año de terapia, he aprendido a corregirla automáticamente (la diplopia). Las lesiones en el cerebro y en las distintas partes del cuerpo están ahí, han quedado aceptadas, minimizadas, integradas en una vida completamente normal.

La confianza en las terapias ha sido total, me he entregado sin reservas. Al prinicipio no tuve demasiadas expectativas. Los oftalmólogos no me hablaban de terapias, solo de prismas. Hice mi parte desde la alegría y la esperanza lo mejor que pude, insertando en mi vida cotidiana la rutina de ejercicios, asumiendo limitaciones y las curvas normales de subidas y bajadas a lo largo de los meses. Cuando parecía que no avanzaba, me estaba preparando para un empujoncito.

Me entristece que la Optometría Comportamental no la conozcan más personas; que oftalmólogos de largo recorrido profesional, no trabajen y abran conjuntamente camino a jóvenes terapeutas que buscan desde otras perspectivas ayudar a tantas personas, incluidas nuevas generaciones.

Me gustaría que las personas pudiésemos llegar a ser más humildes, a reconocer, a facilitar, a considerar que técnicas que no son tan nuevas están dando óptimos resultados. Terapias no agresivas, menos traumáticas e impartidas de manera lúdica, tratan a las personas de forma integral, potenciando el espíritu de superación y generando menos sufrimiento y más felicidad.